La Dolce Vita, de Federico Fellini | Vanidad de vanidades

La Dolce Vita - Reseña por Lautaro Sillero - San Juan Cultural
La Dolce Vita – Reseña por Lautaro Sillero

Título original: La Dolce Vita
Año: 1960
Duración: 175 min.
País: Italia
Dirección: Federico Fellini
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano, Brunello Rondi
Música: Nino Rota
Fotografía: Otello Martelli
Reparto: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Lex Barker, Jacques Sernas, Adriano Celentano e Ida Galli
Productora: Coproducción Italia-Francia; Pathé / Riama Film / Gray-Film
Género: Drama. Comedia | Periodismo. Cine dentro del cine

FELLINIANOS

Federico Fellini ha pasado a la historia del cine como uno de los grandes. Sus producciones poseen un estilo y un carisma únicos, lo que impide que las podamos encasillar bajo ningún adjetivo que no sea “felliniano”. En estas se entremezclan el realismo con la imaginación, los sueños y aspiraciones de sus personajes con los propios del director.

Hoy, en Películas Inoxidables, vamos a hablar de uno de los clásicos indiscutidos del cine, de su protagonista y de algunos de sus temas más importantes.

La Dolce Vita

SIETE NOCHES EN LA VIDA DE MARCELLO RUBINI

La Dolce Vita posee una narración episódica que involucra una serie de siete episodios aparentemente desconectados cuyo nexo común es el periodista sensacionalista y escritor frustrado Marcello Rubini (Marcello Mastroianni).

Rubini es el único personaje que aparece en todo el metraje, y es a partir de su perspectiva desde la cual apreciamos los hechos narrados, los cuáles suelen consistir generalmente en fiestas que tienen lugar durante la noche romana.

Cada noche, cada amanecer, sirven para que nos vayamos haciendo el retrato de quién es nuestro protagonista, de sus relaciones y de la “dulce vida” romana: aristocrática y glamorosa, sí; pero también vacía y decadente.

Esta cinta es, en última instancia, la historia del protagonista y del modo en que es atraído cada vez más y más a un estilo de vida que parece estar por debajo de sus posibilidades, pero que no puede o no quiere rechazar.

Mastroanni está magnífico como su homónimo, dando de tal modo en la talla, que me es imposible imaginar a otro actor en el papel.

Como curiosidad cabe resaltar que el primer productor de la película, Dino de Laurentiis, quería a Paul Newman en el papel, en oposición a Fellini quién pensaba que Mastroanni era la mejor opción. Esto, sumado a otras diferencias, hizo que De Laurentiis abandonara el proyecto al tiempo que anunciaba su estrepitoso fracaso.

La película cambió de productores, Mastroaianni se quedó con el papel y el resto es historia.

La Dolce Vita

HISTORIA DE APARIENCIAS

Hay un tema recurrente a lo largo de esta película: las apariencias y como mediante ellas nos escondemos o queremos esconder algo.
El ejemplo más sencillo y obvio es que “La Dolce Vita” como tal, no existe. Es sólo un paliativo al aburrimiento de los adinerados de Roma, que prácticamente vivían en una fiesta permanente tanto en la cinta como en la vida real.

Fellini dirige sus dardos contra todo aquello que pareciera estar o podría estar en un pedestal en la Italia de los 50 y principios de los 60: los nobles frívolos, los intelectuales encerrados en sus torres de marfil, las noticias de posibles avistamientos de la Virgen María que solo existían para rellanar la sección de sociedad en los medios de la prensa.

La Dolce Vita

Pero hay otro punto sobre el que vale la pena llamar la atención: las mujeres y las relaciones que establece con ellas Rubini. De estos encuentros quizás el más recordado sea el que tiene con Sylvia (Anita Ekberg), actriz estadounidense con quién Marcello vive un affaire de una noche. Allí la vemos en la famosa escena de la Fontana di Trevi. Es con ella con quién parece representar esa visión romántica de lo que es el glamour de la dolce vita, aunque al acabar la noche se revele como una persona más.

Como una opción más realista, está el amorío que sostiene con la aristocrática Madalenna (Anouk Aimée), del cual ninguno parece esperar gran cosa. También se haya su novia inestable, Emma (Yvonne Furneaux), la cual clama ser la única mujer que lo ama realmente y a la que Rubini le ha jurado numerosas veces amor y fidelidad, sin resultados prácticos.

Por último esta Paola (Valeria Ciangottini), muchacha que Marcello conoce en un restaurante playero, y quién se ofrece a ayudarle como mecanógrafa del libro en el que él parece estar trabajando.

La Dolce Vita

La Dolce Vita | ► Para terminar

Pero todo lo que he descripto quizás no tendría valor si Federico Fellini no hubiera convertido a su obra en algo que trasciende el ámbito “Vía Veneto” y que se volvió una historia universal.

La Dolce Vita no es sólo un retrato de la decadencia de las clases altas romanas, es también una historia sobre un hombre que se pierde a sí mismo al escuchar los cantos de sirena de una vida más glamorosa, una historia que reflexiona sobre las apariencias, sobre al amor, etc. Realmente, cada uno verá a esta obra de un modo particular.

Es cierto que es larga, pero cada segundo vale la pena, y que para verla lo único que hace falta es animarse.
Y creo que es por esto, amigos míos, que tienen que ver La Dolce Vita.

Reseña: Lautaro Sillero

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