El séptimo sello, de Ingmar Bergman | El silencio de Dios

 

 

Título original: Det sjunde inseglet
Año: 1957
Duración: 96 min.
País: Suecia
Dirección: Ingmar Bergman
Guion: Ingmar Bergman
Música: Erik Nordgren
Fotografía: Gunnar Fischer (B&W)
Reparto: Max von Sydow, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Bengt Ekerot, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ake Fridell
Productora: Svensk Filmindustri
Género: Drama | Siglo XIV. Edad Media. Religión. Ajedrez. Pandemias. Película de culto

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS
Todos aquellos interesados en el cine en algún momento han oído del sueco Ingmar Bergman. Evocado tanto como una de las cimas del cine de autor, como pedante insufrible, genio sin igual o mero director de películas aburridas; todas estas afirmaciones se entremezclan la primera vez que uno lee o escucha sobre él, pero lo que no se aclara con todo este lío de caracterizaciones es ¿qué clase de películas filmaba este buen señor? La respuesta, y en parte el desafío, es que pese a los temas y estilos similares, sus cintas varían mucho de una a otra. Desde la angustia existencial de Persona (1966) hasta el drama matrimonial de Escenas de la vida conyugal (1973), resulta difícil encontrar un punto desde donde comenzar a indagar en la obra de este gran artista.

Pero todas las opiniones que se emiten sobre Bergman en un momento remiten para el mismo lado, que casualmente es su película más popular, El séptimo sello, una de las joyas más esplendorosas del séptimo arte. Y por eso hoy, en Películas Inoxidables, tengo el agrado y el orgullo de poder hablar de esta maravilla.

AJEDREZ CON LA MUERTE
Esta obra posee un inicio peculiar: en una playa se le aparece La Muerte (Bengt Ekerot) al caballero sueco Antonius Block (Max von Sydow) para reclamar su alma. Block, en la desesperación de evitar su destino, reta a La Muerte a una partida de ajedrez. La parca acepta el desafío y se fijan las apuestas: si Antonius gana la Muerte lo dejará ir y le responderá a sus dudas, si la Muerte es la ganadora se llevará al caballero. Esto da inicio a una partida que se va desarrollando a lo largo de la película, sucediendo solo en determinados momentos del viaje de regreso a casa de Block y su escudero (Gunnar Björstrand).

A lo largo de la travesía por una Suecia devastada por la peste negra y el fanatismo religioso, a los dos viajeros se les suman una serie de personajes como un trío de artistas ambulantes, una joven muda y un herrero junto a su esposa. Siendo los personajes que más captan nuestra atención el atormentado Block, un reflejo de las inquietudes metafísicas que todos debemos de haber tenido en algún momento, y la mismísima Muerte. Estamos quizás ante la mejor representación que se ha hecho de la misma en el cine, consiguiendo robarse la película pese a su corto tiempo en pantalla gracias a su humor oscuro, su presencia ominosa y su ambigüedad absoluta a la hora de responder a las preguntas del caballero sueco.

NOSOTROS Y LA MUERTE
Bergman explora como las personas afrontamos a la muerte y a nuestras dudas existenciales: algunos buscan un sentido superior a la existencia humana, otras negándose a aceptar la realidad, los más desentendiéndose del asunto; los personajes son sometidos al “Silencio de Dios”: rezar y no recibir respuesta alguna. Además, el director no se olvida de criticar ferozmente al fanatismo religioso, situación expresada en el predicador que ahora se dedica a robar a los muertos por la peste.

Sin embargo, el film se permite algunos momentos más distendidos y hasta algún momento de humor. Lo que sirve para evitar que la película se vuelva excesivamente seria y oscura, facilitando verla.

Para ir terminado| El séptimo sello
Esta es una película hecha con escasísimos recursos, basta con fijarse en detalles como los decorados y algunas ropas. Sin embargo, de esta modestia Bergman consiguió elevar a su obra más allá basándose en la precisión del guion, las actuaciones, el uso de la música y el modo de filmar las escenas. Hay una cantidad innumerable de detalles, frases y momentos de los que no he podido hablar y que agregan tanto a la película, que corresponde al espectador descubrirlos por sí mismo.

Con todo, es perfectamente posible que a muchos esta película no les guste y que la encuentren aburrida, también es perfectamente posible de conseguir que el espectador se enamore de ella, a algunos quizás deje indiferente. Pero el esfuerzo de verla vale la pena porque permite comenzar a asomarse a la obra de uno de los directores más influyentes y reconocibles del cine mundial.

Y creo que es por esto, amigos míos, que tiene que ver El séptimo sello.

Reseña: Lautaro Sillero

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