El hombre elefante, de David Lynch | La humanidad al descubierto

El hombre elefante
El hombre elefante – Reseña Lautaro Sillero

Título original: The Elephant Man
Año: 1980
Duración: 125 min.
País: Estados Unidos
Dirección: David Lynch
Guión: David Lynch, Eric Bergren, Christopher De Vore
Música: John Morris
Fotografía: Freddie Francis (B&W)
Reparto: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Freddie Jones, Dexter Fletcher
Productora: Paramount Pictures. Productor: Mel Brooks
Género: Drama | Biográfico. Enfermedad. Discapacidad. Siglo XIX. Película de culto

EN MEMORIA DE JOHN HURT (1940-2017)

David Lynch es un nombre que se suele asociar más con películas surrealistas independientes que con dramas intimistas nominados a varios premios de la Academia. Sin embargo, para 1980, el maestro Lynch demostraría un eclecticismo sobresaliente al pasar de su primer film, la surreal Cabeza Borradora, a realizar uno de los dramas más oscuros, trágicos, conmovedores y amados por todos aquellos que lo hayan visto.

Hoy, en Películas Inoxidables, hablamos de El hombre elefante.

El hombre elefante

VIDA Y TRAGEDIA DE JOHN MERRICK, MAL LLAMADO EL HOMBRE ELEFANTE

Nos encontramos en el Londres victoriano de la década de 1880. La capital del Imperio británico es un lugar sucio y hacinado, poco amigable para todos aquellos marginales que no se pueden ver beneficiados con un título nobiliario, con educación o con los ingresos que producen las fábricas de la Segunda Revolución Industrial. También existen rígidos códigos que condenan a todo aquel que se salga de lo normal y aceptado por la sociedad.

Un día, el doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins) visita un espectáculo circense de freaks, donde se anuncia con especial morbosidad al Hombre Elefante, un monstruo nacido luego de que un elefante aplastara a una mujer británica embarazada en la lejana África.

El hombre elefante

El citado monstruo resulta ser un ciudadano británico de 21 años llamado John Merrick (un John Hurt bajo varias capas de maquillaje). Merrick padece del síndrome de Proteus, una enfermedad que deforma su cuerpo sin piedad convirtiéndole ante los ojos de la mayoría en un monstruo.

Treves, motivado por la indignación que le produce ver las pésimas condiciones de vida en las que se encuentra Merrick, decide trasladarlo al hospital de Londres para intentar darle una vida un poco más digna.

Donde otras películas baratas intentarían llevar la historia por el cliché de que las personas no saben ver fuera de las apariencias y que la belleza de uno reside en su corazón u otra cosa a la que Hollywood nos ha mal acostumbrado, Lynch decide contrastar la monstruosidad física pero de corazón bondadoso y amable de su protagonista con la monstruosidad moral pero de apariencia “común” de varias personas que lo rodean.

El hombre elefante

Para la gran mayoría John Merrick es una mera atracción de circo, un animal o una curiosidad interesante para contar a los amigos. Este tipo de actitudes contrastan con la personalidad del protagonista, un hombre bueno y culto, o de aquellos pocos que le dispensan auténtico cariño.

Hay una escena tremendamente conmovedora en la que el doctor Treves invita a su paciente a su casa a tomar el té con su esposa. La esposa no conoce quién es su visitante e inicialmente actúa con una leve desconfianza pero con cortesía.

Su desconfianza se derrumba ante dos simples declaraciones de su huésped. La primera es que nunca había sido tratado tan educadamente por una mujer hermosa. La segunda situación se produce cuando Merrick le muestra una foto de su madre a sus anfitriones, refiriéndose a lo decepcionado que debe de haberse sentido ella al ver como era su hijo, a lo que la esposa del doctor responde que una madre nunca podría sentirse decepcionada de tener un hijo tan bueno como él.

Agradecido, John Merrick menciona cuanto desearía poder encontrar a su madre y que lo pudiera ver con amigos tan amables como Frederick Treves y su esposa. Inmediatamente tras decir estas palabras, Anna Treves rompe a llorar y una de las cosas que hace a esta escena tan increíble es que las lágrimas de la actriz Hannah Gordon son lágrimas reales y no actuadas.

El hombre elefante 05

¿QUÉ HARÍAMOS NOSOTROS?

Normalmente suele ocurrir que nos tenemos a nosotros mismos en muy alta estima, simplemente nos creemos capaces de todo bien e incapaces del mal absoluto. Nuestras conciencias suelen quedarse tranquilas con acciones que no nos suelen suponer ningún esfuerzo.

El hombre elefante nos ponte desnudos frente al espejo y nos pregunta, directamente, ¿tú qué harías si te encontraras con John Merrick? ¿Lo invitarías a tu casa a tomar el té? ¿lo tratarías como un igual? ¿lucrarías con él convirtiéndolo en una atracción circense? ¿lo rechazarías por no ser normal? o ¿fingirías que te preocupa su situación, lo visitarías y aparentarías hacerte su amigo solo para pavonearte de que pasaste una tarde con él?

La película plantea todas estas preguntas pero no las responde, ese es nuestro trabajo como espectadores.

El hombre elefante

El hombre elefante | Para terminar ►

A diferencia de muchas cintas que recurren a trucos baratos para conmovernos, como matar al perro fiel porque todos nos sentimos mal cuando un perro muere. Su magia, si tal palabra tan usada significa algo todavía, es que la podamos ver una y otra vez y sentir la misma emoción.

Es una película relativamente sencilla que nos muestra lo peor y lo mejor de las personas, una que nos hace pensar y que nos conmueve con total sinceridad.

Si buscan alguna escena suelta en YouTube, o algunos temas de la banda sonora como el Adagio para cuerdas de Samuel Barber verán que los comentarios están llenos de personas agradecidas y conmovidas por esta película describiendo lo mucho que les hizo sentir.

Me quedo con el título que Raúl, un usuario de Filmaffinity, usó, con toda justicia, en su crítica: “Humana y Humanizante”. Todos ellos agradecidos a esta obra de David Lynch, John Hurt y Anthony Hopkins.
Y creo que es por esto, amigos míos, que tienen que ver El hombre elefante.

Reseña: Lautaro Sillero

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